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El viñedo es el cultivo que más utiliza los servicios de terceros por la diversidad y complejidad de las campañas

La viticultura es la actividad agrícola con mayor grado de implantación de las empresas de servicios en España por la diversidad y complejidad de las tareas que se realizan a lo largo de la campaña, que llenan el calendario mes a mes con distintas actividades relacionadas con la gestión del suelo, la prevención de los riesgos climáticos, la preparación y el cuidado de la planta, o la recolección.

La especialización requerida, la complejidad y coste de muchos de los equipos que se van incorporando, y las dificultades para encontrar toda la mano de obra requerida en los momentos más críticos hacen que los viticultores de cualquier nivel, sean explotaciones familiares más pequeñas o fincas de tamaño medio-grande ligadas a las bodegas, busquen durante todo el año el apoyo de un amplio abanico de empresas que han ido surgiendo, unas en el ámbito más local y otras abiertas a los mercados de ámbito regional, nacional e incluso internacional, que les suministran mano de obra, les realizan labores mecánicas, o les apoyan en la toma y gestión de datos en distintos momentos del cultivo, haciendo que avance de manera muy importante la implantación de la digitalización en este sector.

Menade: Dos siglos de viticultura que ahora necesitan el complemento de muchas empresas cada año 

Entre todos esos viticultores, como un ejemplo significativo que permite hacer un repaso de esa implantación progresiva de las empresas de servicios en el viñedo español, visitamos Bodegas Menade, de la familia Sanz, una saga de viticultores con más de doscientos años de trayectoria en la zona de producción de Rueda, que ha ampliado su radio de acción también a la de Toro y que cultivan en estos momentos algo más de 200 hectáreas en diversos municipios de Valladolid.

Marco Sanz, responsable de viticultura en la bodega, asegura que en estos momentos casi todo el trabajo de las viñas se desarrolla con empresas de servicios externas, porque es imposible tener un equipo propio que cubra todas las necesidades, que son muy variadas a lo largo del año y que a veces precisan de unos medios técnicos y una preparación que son inviables para una sola explotación. De forma permanente trabajan tres tractoristas, uno de los cuales actúa de encargado, otros dos operarios que realizan labores de mantenimiento en las espalderas o el goteo, y una técnico que realiza controles de campo y ayuda a aplicar sobre el terreno la información que se genera. Para todo lo demás, desde la poda hasta la vendimia, viene alguien de fuera con su propia gente y/o su equipamiento.

Las tareas de apoyo de esas empresas varían según avanza el calendario agronómico. Uno de los períodos de mayor actividad llega a finales del invierno, con la poda en seco, para la que se contacta con algunas empresas de la zona, que serán las que contraten y coordinen las cuadrillas tanto para Menade como para otros muchos viñedos de la zona. También la poda en verde, en la última parte de la primavera, requiere de un volumen importante de mano de obra que gestionan esas mismas empresas. En medio de las dos, se realizan la bajada y la subida de los alambres para ajustarlos al crecimiento de los pámpanos, trabajos también intensivos en operarios.

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Los hermanos Marco (izquierda), Alejandra y Christian Sanz en los viñedos de Menade.

En todos estos procesos, se aprecia una escasez creciente de personal, que añade mucha incertidumbre a la planificación de las tareas, haciendo complicado a menudo realizarlas en el momento y de la forma en que el viticultor considera más conveniente, lo que propicia además una competencia creciente entre las bodegas por contar con ese personal. Las podas, en concreto, son una de las tareas más complejas del año, que repercuten tanto en la producción como en el desarrollo y supervivencia de la planta, por lo que a todos los viticultores les gustaría que las hiciera personal muy preparado y, si es posible, el mismo cada campaña, asegura Marco Sanz, pero eso resulta muy difícil porque los propios coordinadores de las cuadrillas tienen problemas para mantener los operarios un año tras otro, ya que suelen ser emigrantes, y a menudo con dificultades laborales.

Una de las alternativas para resolver esa escasez de trabajadores, en la que también tienen un papel importante las empresas de servicios, es la mecanización creciente de todas las actividades, añade el responsable de viticultura en Menade: “Cada vez que aparece una máquina que permite rebajar el personal nos interesamos por ella, vamos a ver demostraciones de campo, la probamos, y si descubrimos que puede resultar útil la compramos o la adquiere alguna de las empresas de servicios que contratamos”.

Eso -puntualiza- “nos obliga a ir preparando cada campaña el viñedo para incorporar esa maquinaria. Y son cambios que serán constantes en los próximos años, porque parece claro que el problema de mano de obra va a ir a más cada día. Pero confiamos en que la tecnología avance rápidamente para ofrecernos alternativas, como ya pasó en la vendimia, que hace unos años era una de nuestras mayores preocupaciones”.

En el caso de la poda, comenta Marco Sanz, no parece que vaya a haber soluciones válidas a corto plazo, pero para otras muchas tareas sí: “De hecho, en este último año, hemos traído una máquina que te saca los palos después de la poda. También estamos probando opciones para el manejo de los alambres, que se sustituyen por una cuerda que se coloca de manera autónoma y automática. Y vamos a ver estos días equipos que eliminan las malas hierbas entre líneos con descargas eléctricas, para reducir el uso de herbicidas y las horas de trabajo. La idea es que todo lo que pueda mecanizar lo vamos a mecanizar”.

Una vez hecha la poda en verde, los trabajos de empresas externas se reducen hasta la vendimia, pero siguen siendo necesarios. Una de las actividades que los viñedos más grandes suelen externalizar es la aplicación de fitosanitarios, que se va sofisticando en los últimos años con la incorporación de sistemas de precisión y con el uso de los drones. En el caso de Menade, producen en ecológico y esas tareas son mínimas, con productos especializados, no químicos, por lo que suelen ejecutarlas los tractoristas de la bodega con los equipos de casa.

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Estación de medición ubicada en una parcela de viñedo que suministra por vía digital datos relativos a lluvia, viento o temperatura.

La digitalización es uno de los aspectos en los que más apoyo externo se necesita

Además de las labores de campo, otro de los aspectos que han ido externalizando en Menade es la digitalización, que en muy pocos años se ha convertido en algo crucial para la gestión correcta del viñedo. “Hay que recoger muchos datos y gestionarlos bien, para no trabajar a ciegas y tomar las decisiones más correctas en el momento más oportuno, y eso solo lo puedes hacer con herramientas digitales”, asegura Marco Sanz. El equipamiento necesario lo componen estaciones meteorológicas en todas las parcelas, y sondas diversas en cepas `testigo´ para controlar aspectos varios como la humedad… A veces se realizan vuelos con drones que elaboran mapeos para recoger información en tiempo real.

Todos esos datos los recibe una empresa especializada que los procesa y los pone a disposición del personal de la bodega según sus necesidades. Son datos relacionados con la integral térmica, los aportes de agua, la evapotranspiración, el avance de la maduración, la calidad del suelo, las necesidades de fertilización, la evolución de enfermedades, la presencia de pies enfermos…

Además, manejan también una App personalizada, desarrollada por una empresa especializada que les permite hacer seguimiento del estado del viñedo y del equipamiento de las parcelas, vigilar las incidencias y su resolución, organizar el calendario de tareas para cada persona, controlar cómo se van ejecutando… Y toda la información recogida se almacena en una base de datos propia, que evita la pérdida de información, ordena el desarrollo de las actividades y posibilita realizar comparativas en diversos momentos de la campaña o con respecto a campañas anteriores.

Al final del ciclo de cultivo llega el momento de la vendimia, que es otra de las tareas en la que el uso de mano de obra y de equipos externos cubre el 90% o el 100% de las necesidades, aunque bajo la supervisión técnica de la bodega, puntualiza Marco Sanz. La información de seguimiento del cultivo que se va acumulando a lo largo de la campaña permite decidir el punto óptimo para la vendimia, y en ese momento, en viñedos como los de Menade, entran las máquinas vendimiadoras de empresas especializadas que realizan la recogida mecánica al 100%. En su caso, el personal de las fincas realiza el transporte de la uva a la bodega. En otros viñedos esa labor también la realizan las empresas que llevan las vendimiadoras.

La tipología de las empresas que prestan todos estos servicios al viñedo es muy variopinta. Los servicios mecánicos y las labores de campo se realizan mayormente desde empresas locales, que cuando necesitan personal tienen que acudir casi en exclusiva a la emigración. Aunque, en el caso de la vendimia, las empresas locales buscan el complemento de máquinas de otras zonas, en las que la recolección se cierra antes. En los trabajos digitales y más especializados, las empresas suelen ser de ámbito regional, nacional o internacional, que a menudo operan en sectores diversos y tienen al viñedo o a la agricultura como un área más de actividad.

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Tomás Postigo supervisa la vendimia en los viñedos que gestiona en la zona de Peñafiel (Valladolid).

Tomás Postigo: “La situación actual del mercado laboral hace más interesante la contratación indirecta de la mano de obra”

Tomás Postigo es uno de los enólogos y bodegueros más reconocidos y con mayor experiencia en la DO Ribera del Duero. Tras una trayectoria de más de 20 años y diferentes etapas en Bodegas Protos y Pago de Carrovejas, en 2008 inicia un nuevo proyecto y crea una bodega en la que trabaja junto a sus cuatro hijos en la localidad vallisoletana de Peñafiel. También elabora vino a partir de la variedad Verdejo en la DO Rueda, donde se provee de uva obtenida por viticultores de la zona de Nieva (Segovia). Para su bodega de Peñafiel en la que gestiona 25 hectáreas de viñedo propio, Tomás Postigo externaliza buena parte de las labores necesarias a lo largo del año. «Normalmente subcontratamos las labores relacionadas con la poda de invierno, la poda en verde, la escarda manual, el desnietado y la vendimia, que llevamos a cabo de forma completamente manual incluso en el viñedo en espaldera». Respecto a los motivos por los que no contrata directamente al personal cualificado para estas tareas, el enólogo ribereño señala que «la situación actual del mercado laboral hace más interesante la contratación indirecta de la mano de obra y todos los trámites se hacen a través de empresas especializadas».

En cuanto a las necesidades de equipos y tecnología, Postigo afirma que contrata el servicio de maquinaria con tractorista para las labores con intercepas y el desbroce de cubiertas vegetales. En su caso prefiere la estabilidad y no cambiar de proveedor en este tipo de servicios. «Siempre trabajamos con las mismas empresas de la zona de Peñafiel y Pesquera de Duero, son cercanas y de confianza para nosotros». En lo que respecta a la implantación de la agricultura de precisión en el viñedo, Bodega Tomás Postigo está valorando hacer una inversión con el objetivo de mejorar la toma de decisiones. «Queremos invertir en sensores instalados en finca y en el empleo de imágenes vía satélite para obtener una información más precisa de lo que pasa en la viña». En su opinión, los drones «han pasado de moda» y ahora es la información facilitada por los satélites la que resulta «más valiosa» para predecir lo que va a pasar y la que «te permite adelantarte a los problemas antes de que sucedan». Aspectos como la humedad del suelo, los datos meteorológicos, el grado de estrés de la planta o las necesidades de riego y abonado son los parámetros que se quieren monitorizar para «preservar la calidad de la uva» ante cualquier imprevisto.

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Aplicación de fitosanitarios ecológicos en un majuelo de Viñas del Vero, en la DO Somontano.

Viñas del Vero, la bodega más importante de la DO Somontano también subcontrata empresas de servicio

La bodega Viñas del Vero se establece en Somontano a finales de 1986 con la adquisición de 550 hectáreas de terreno en Barbastro y otras poblaciones cercanas. Tras replantar los terrenos con viñedos de las variedades tradicionales de la región -Tempranillo, Moristel, Garnacha y Macabeo-, junto a otros de distintas procedencias -Chardonnay, Gewürztraminer, Cabernet Sauvignon, Merlot y Pinot Noir-, saca al mercado los primeros vinos en la primavera de 1990. Posteriormente, en 2008, la bodega aragonesa entra a formar parte de González Byass. Actualmente, Viñas del Vero es la primera bodega de la denominación de Somontano por su volumen y cuenta con una de las mayores superficies de viñedo propio de España, siendo una de las bodegas de referencia tanto por su tecnología y sostenibilidad como por el estilo de sus vinos. De hecho, participa junto al CSIC y a la Universidad de Zaragoza en el Proyecto europeo Life Rewind, para desarrollar un coche eléctrico adaptado a hidrógeno, germen de un futuro tractor para trabajar en las viñas.

Respecto a la contratación de empresas de servicio por parte de Viñas del Vero, Sergio Torres, director de viticultura de la bodega, confirma que las emplean en varios trabajos a lo largo de todo el ciclo del cultivo de la vid. «Inicialmente, se contratan empresas especializadas para realizar las nuevas plantaciones, tanto para plantar como para instalar el emparrado y para colocar las infraestructuras de riego. El servicio de tratamiento fitosanitario se contrata casi en su totalidad. Parte de las tareas anuales de poda, poda en verde, manejo de la vegetación, etc., se realizan a través de empresas de servicios -en torno al 40% de las mismas-. Finalmente, la vendimia mecanizada se hace en su totalidad a través de empresas de servicios», señala Torres. La razón para contratar hay que buscarla en la eficiencia de trabajo en un corto espacio de tiempo. «El tratamiento se hacía con personal y maquinaria propia -añade el técnico-, pero el servicio externo es capaz de hacer el tratamiento de forma más eficaz, ya que disponen de mejor maquinaria con alto valor de compra, y nos aseguran un menor tiempo de ejecución, lo cual es fundamental para el control de plagas».

Asimismo, una empresa tan volcada en la sostenibilidad como Viñas del Vero, contrató en su día la instalación de varias estaciones agrometeorológicas y, de forma periódica, contrata servicios de empresas que interpretan imágenes obtenidas con drones o satélites, para hacer una gestión del viñedo lo más natural y eficiente posible.

 

FUENTE: INTEREMPRESAS.NET

 

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